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EL ESTRES DE UN BANQUILLO

EL ESTRES DE UN BANQUILLO

Textos Originales de Gorka Perez (El País)
El mundo del entrenador es muy duro. Muy gratificante en el éxito,pero muy exigente en la derrota.Hay tantas circunstancias al rededor del entrenador que no se puede controlar todo. Por mucho que nosotros pretendamos. 
La prueba la tenemos en Van Basten, su cabeza le dijo ¨No puedo más¨.
Tres Ligas, tres Copas de Holanda y una Recopa con el Ajax. Tresscudetti, dos Supercopas de Italia, dos Ligas de Campeones, dos Supercopas de Europa y dos Copas Intercontinentales con el Milan. Una Eurocopa con Holanda. Todo en 13 temporadas como jugador. Tres meses después de ponerse al frente del AZ Alkmaar holandés, Marco van Basten, uno de los mejores jugadores de la historia, dimitió por estrés. “Es demasiado”, dijo en su despedida. Pocos días antes su padre falleció, lo que le provocó problemas en el corazón que le llevaron a estar tres semanas de baja. Tras recuperarse, el holandés abandonó el cargo, aunque poco después el club anunció que trabajaría en las categorías inferiores del equipo como técnico asistente, una tarea muy alejada del foco mediático. 
 

 Entrenadores que han vivido situaciones de máxima exigencia, pero como jugadores, no como Directores de Grupo. Actúas en el mismo deporte,pero con distinto papel. 

“Hablando de alguien como él, que ha sido un jugador excepcional y ha estado en lo más alto, deduzco que su exigencia sería la de estar entre los mejores. Y eso es un estrés añadido”, apunta Manu Sarabia, histórico jugador del Athletic y que ha entrenado en las categorías inferiores del conjunto rojiblanco, además del Badajoz y el Numancia. “No me sorprende su decisión, la presión que se siente en un banquillo es diametralmente opuesta a la que sufre un jugador”, justifica Pichi Alonso, que defendió la camiseta de equipos como el Barcelona o el Espanyol sobre el césped y se ocupó después del banquillo en el Mallorca o el Metalurg ucranio.
Ser entrenador, no es ser jugador. Estas sólo ante toda decisión. E intentas acertar siempre, pero no siempre lo consigues. 

“Como futbolista, ante situaciones de urgencia te refugias en los otros 10 compañeros, mientras que el entrenador es sólo uno”, añade Alonso. “Yo he sido 15 años jugador y no tiene nada que ver. Como futbolista eres egoísta, te diviertes, piensas en lo bien y mal que te puede ir. El entrenador tiene que ocuparse de llevar un colectivo y haga lo que haga siempre va a perjudicar a alguien”, sostiene Pepe Mel, exjugador de Osasuna, Castellón, Granada, Getafe y Écija entre otros equipos, y que actualmente está sin entrenar tras su última experiencia en Inglaterra al frente del West Bromwich Albion.

Situaciones tan duras, que en muchas circunstancias necesitamos ayudas externas para poder sentirnos mejor y más protegidos. 

“En el momento en el que piensas que tu profesión te aporta más momentos malos que gratificantes es cuando tomas ese tipo de decisiones. No es algo tan fácil como que la presión nos lleva a abandonar”, tercia la psicóloga deportiva Patricia Ramírez, que trabajó junto a Mel en el Betis. “Yo trato con varios entrenadores con los que intento que aprendan a disfrutar de su profesión. Forman parte de un mundo que les apasiona, pero el nivel de presión es tan alto que no pueden disfrutarlo”,añade.
¿Es entonces la obsesión por el control la chispa del problema? “A veces nos parece maravilloso eso de que un entrenador esté 24 horas pensando en fútbol, duerma pensando en fútbol y el día antes de un partido no duerma. Me parece una situación de desequilibrio. Para mí no tiene ningún valor”, advierte Ramírez. “Ser entrenador es un veneno que te corre por las venas. Cuando no puedes seguir como jugador buscas un trabajo que pueda provocarte sensaciones similares”, señala Sarabia. “Es una profesión que está muy bien pagada pero te coloca continuamente ante situaciones difíciles”, apunta Mel.
Para poder vivir estas situaciones es necesario  unos buenos apoyos internos en el club donde trabajes y de tu entorno más cercano.
Existe por tanto la tan repetida “soledad del entrenador”. “Es totalmente real”, asevera Mel. “Todo depende de los apoyos que tengas. Puedes ser muy criticado por un lado pero por otro tener un respaldo social, de los jugadores o el club, y conseguir que todo compense”, complementa Ramírez.

 Pero ni las victorias pueden valer para dar satisfacción. Hay demasiada responsabilidad para que el grupo funcione. 

“Cuando hay un triunfo, la satisfacción es general, pero la felicidad del entrenador dura poco. Todo se vive de manera diferente”.
Incluso es tal la presión, que nos conduce a importantes cambios físicos.
.El exceso de celo en cuanto al control de todas las parcelas que engloba ser el responsable de una plantilla puede provocar incluso trastornos físicos. “Guardiola y Mourinho son dos máximos exponentes de lo que padece el cuerpo. Su apariencia cambió, envejecieron muy deprisa”,
Además de todo ello, tu como entrenador puedes ordenar y planificar de la mejor manera posible, pero al final el que juega es el futbolista.
 Gran parte de ese desgaste viene provocado porque el paso del campo al banquillo conlleva un cambio de perspectiva sustancial que no todos los ex-jugadores, ahora entrenadores, saben enfrentar. “El futbolista cuando está en el terreno de juego depende de sí mismo. Es el actor principal, y está en disposición de aportar soluciones directas. Y más si eres uno como Van Basten, que él solo podía cambiar un partido. Para un entrenador es mucho más difícil. Puede variar sistemas de juego, buscar movimientos distintos, pero depende de lo que hagan otros”, analiza Alonso.
  Es una profesión maravillosa, y muy pasional. El problema viene como con todo lo pasional, que nos lleva a los extremos. Y al llegar a los extremos se siente todo en la máxima medida. Lo bueno, y lo malo.

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